Una vez más, señoras y señores, me encuentro ofreciendo un capítulo más de la saga “De obsesión, amor y venganza pasional” que versa sobre Ciudad Mágica, una serie de mi exclusiva autoría. A decir verdad, estoy sumamente satisfecha -por no decir emocionada hasta la pared del frente- por como ha resultado. Crear una serie yaoi no es nada fácil, pero tiene sus ventajas: tienes tu propio canon y haces todo a tu manera. Definitivamente una ventaja que vale por mil y que opaca bastante las desventajas, que son muchas: dificultad creando coherencia, profundidad, adaptabilidad y un montón de cosas más que no menciono porque este pequeño prefacio se haría más largo que la misma historia.
En fin, centurias después, luego de mil auges y decadencias, les presento el cuarto capítulo de esta saga pasional entre criaturas de otra dimensión; verán las consecuencias de los “arranques hormonales”, y además algunas leyes naturales entre humanoides (específicamente entre torres, como el caso de Giant-Drop y Mega-Drop), así como la gratificación y resignación al sacrificio para poder pagar una deuda al destino.
Mención especial a todas mis chicas (Dana, Astrid, Freena y Hieri) así como al clan Zuster de la Hermandad y a todos aquellos que leen y disfrutan esta saga de historias. Ya sabéis de sobra que sin vosotros tal vez no lo habría logrado, de modo que sobran las palabras.
Advertencias:
1- TODOS los personajes y la trama de esta historia son de mi total y absoluta propiedad.
2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta ¡NO LEAN!
3- Limón requete-contra EXPLÍCITO, narrado con pelos y señales. Si no les gusta ¡NO LEAN!
4- Masturbación, humillación, rutina de amo/esclavo, sangre… si no les gusta ¡NO LEAN!
5- Drama hasta los teque-teques… si no les gusta ¡NO LEAN!
6- Lenguaje muy soez por parte de los personajes -no de la narradora, gracias-.
7- Versos citados de las siguientes canciones: *Sin sombra no hay luz, por Sentimiento muerto, **Sad but true y ***Fade to black, por Metallica, y ****Losing my religion, por REM.
8- Críticas... Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, será ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.
Bueno, señoras y señores ;) sin más que decir ¡disfruten!
Atentamente,
Selene18 Darkside & Zuster
De obsesión, amor y venganza pasional
Capítulo IV
Mientras la locura se desataba dentro del edificio residencial de Ciudad Mágica, la luna brillaba en el firmamento, bañando el parque con su luz y otorgándole una belleza helada y muy particular; algunos humanoides estaban reunidos charlando y descansando tras arduos días de trabajo entreteniendo a las personas. En otros rincones algo más alejados, las parejas de humanoides salían endomingadas a soñar con un futuro dorado, o simplemente para pasar un rato agradable, lejos del bullicio que los clientes hacían durante el día.
De repente, una voz rompió la tranquilidad reinante, resonando por todos lados y creando una nota completamente discordante para los presentes:
– ¡¡LES TENGO LA NOTICIA DEL AÑO!! –
Los humanoides que estaban charlando se viraron para ver a Mega-Drop completamente desnudo y con una cara que era el vivo retrato de la demencia total y absoluta. El desconcierto en sus rostros era evidente, no sólo por su desnudez sino por esa actitud que ninguno le conocía a la imponente torre del parque.
– ¡¡A QUÉ NO ADIVINAN, CON UNA CHINGADA!! –insistió la torre mexicana entre fuertes risotadas. Todos seguían viéndole en silencioso desconcierto, sin poder decir nada; sólo uno de ellos se recuperó de la sorpresa y pudo tomar la palabra.
–Mega-Drop, estas no son horas para gritar de esa forma– le reprochó mirándole directo a los ojos atigrados –ve a dormir, que no tienes buen aspecto.
– ¡Ándale, Chaos! ¿Desde cuando te enfundas en esos aires de circunspecto? –contraatacó Mega-Drop altaneramente –Creo que te hace falta que te cojan…
El aludido ni se inmutó por el comentario imprudente de Mega-Drop, sino que se limitó a cruzarse de brazos y clavarle una mirada fría. Siendo un disco giratorio, era uno de los que mejor autocontrol tenía y era algo que se translucía en sus ojos multicolores de mirada aparentemente diabólica, así como en su rostro pálido y a menudo inexpresivo.
–Ya cogí, gracias– replicó con sequedad, hablando con su leve acento americano –ahora déjate de boludeces y regresa a tu cuarto, que a juzgar por tu aspecto, imagino qué tipo de “noticia” es esa, y de plano no me interesa saber los detalles de tu última cogida.
Por un momento Mega-Drop lo miró con fingido desconcierto, y luego se deshizo en enormes y fuertes carcajadas. Cogió a Chaos por el cuello para poder encararlo directamente: ojos atigrados versus ojos multicolores diabólicos.
– ¡Me vale madres lo que digas, y puedes meterte tus consejos de vieja por donde más te excite! –le espetó en la cara – ¡YO hago lo que me dé la chingada gana, y si quiero dar los detalles de mi última cogida lo haré, porque el que manda en este cotarro soy yo, así que ahuecando el ala, yanqui miniatura!
Luego de hablarle con esa insolencia lo arrojó contra el suelo. Chaos quedó bastante dolorido por el impacto.
– ¡You’re such a jerk! –exclamó Chaos en inglés – ¡Deja de estar haciendo espectáculos pornos baratos!
–Tu insolencia es inaceptable –dijo DragonFly, otro de los presentes que se había apresurado para ayudar a Chaos a levantarse – ¡Que Alá te castigue por tus osadías!
Era un humanoide venido de Irán y perteneciente a la familia de los topspins, conocidos por sus vueltas que hacían vomitar casi instantáneamente a sus pasajeros; tenía un atuendo que parecía sacado directamente del famoso cuento “Las mil y una noches” y naturalmente, un fuerte acento árabe. Sus ojos eran normalmente fríos e inexpresivos, pero en ese momento mostraban un brillo desdeñoso:
– ¡Tú a callar, maldito terrorista! –retrucó Mega-Drop – ¡Ve a mamársela a Osama Bin Laden en vez de meterte donde no te llaman!
–Cómo te atreves… –se indignó DragonFly – ¡JAMÁS me dejaría tocar por ese infeliz y asqueroso humano!
Los dos se miraron fijamente por segundos que parecieron eternos… hasta que Mega-Drop aulló entre risotadas, ignorando completamente a DragonFly y la desaprobación de sus colegas:
– ¡¡EL CABRÓN MEGA-DROP FINALMENTE HA PAGADO POR SUS CHINGADECES!! ¡¡FINALMENTE SUPO QUÉ SIGNIFICA TENER UNA VERGA EN EL CULO!!
Todos lo miraron totalmente desconcertados pero ya convencidos de que la torre de Ciudad Mágica se había vuelto loca. DragonFly lo siguió encarando hasta que BlueShake, su primo, trató de hacerlo desistir tirando de su brazo:
–DragonFly, no… algo me dice que no está en sus cabales, déjalo así…
–Descuida…– replicó el aludido –Alguien necesita plantarle cara de una vez, por Alá…
– ¡No caigas en sus provocaciones! ¡Ignóralo!
Pero DragonFly hizo caso omiso de los imperativos de su primo:
–Y aquí entre nos… ¿también se la mamaste? Tu cara embarrada de semen te delata, así que en vez de decir tonterías y hacer el ridículo ¿por qué no vas a mamársela otra vez?– inquirió con evidente sarcasmo venenoso. Luego, como si lo hubiese pensado mejor, agregó: –Así tendrás algo productivo en qué gastar tu tiempo… chilango asqueroso.
En el preciso momento en que Mega-Drop iba a darle un soberano empujón, se le fueron los tiempos y acabó desmayándose, cayendo cuán largo era y dejando atónitos a todos los presentes.
–Torres…– DragonFly sacudió la cabeza, como diciendo “no tienes remedio”, y rezó –Alá, gracias por darme como pareja una pacífica cadeneta humanoide y no un gigante demente y pendenciero.
En eso, alguien más entró en escena: era Giant-Drop, que finalmente había localizado a la demente torre mexicana; al verle desmayado, lo envolvió en una manta y dirigió una mirada de disculpa a los presentes.
–My apologies– les dijo en inglés, porque dudaba que alguno de ellos hablase alemán o francés, y tampoco tenían cara de hablar español –Mega-Drop salió corriendo del cuarto así no más y quise traerlo de vuelta…
– ¿Sabes qué es lo que le pasa? –preguntó Chaos en inglés –Estaba hablando puras estupideces.
–Si, nunca lo hemos visto actuar así– afirmó Blue Shake, con un evidente acento latino –es como si de repente hubiera enloquecido…
Naturalmente, Giant-Drop ni de broma les contaría lo acontecido en la habitación. Ya se imaginaba la escena “ah bueno, no es nada, resulta que lo violé y por eso se volvió loco”… de haber podido, Giant-Drop habría soltado una sonora carcajada, pero prefirió reprimirla. Adoptó una expresión de confundida neutralidad y replicó:
–I don’t know… sólo me despertó con sus risotadas y cuando le pedí que me dejara dormir, comenzó a gritarme incoherencias y a insultarme…– mintió, mientras terminaba de envolver a Mega-Drop en la manta que trajo y lo alzaba en brazos sin problema alguno. Los demás humanoides lo miraron atónitos, no sólo por el tamaño sino por la fuerza que tenía.
“Es mejor que salgamos de aquí, maldita sea… pueden sospechar en cualquier momento…” pensó Giant-Drop, dispuesto a irse, pero nuevamente uno de los humanoides presentes lo frenó:
–Excuse me– inquirió Chaos acercándose de nuevo al extraño – ¿Me dices tu nombre? Es que no te he visto por acá…
–Oh, I’m sorry… mi nombre es Giant-Drop. –respondió la torre rubia con una mirada de disculpa –Soy la nueva torre humanoide que la Manager contrató para alternar turnos con Mega-Drop.
Aunque Chaos asintió, en sus ojos se advertía un brillo inquisitivo, como si no estuviese del todo satisfecho con su respuesta, pero no hizo más interrogantes, posiblemente por mera cortesía. Los angloparlantes eran conocidos por tener cierta frialdad en los modales, así como en la distancia con que suelen tratar a los desconocidos.
–All right, Giant-Drop…– con un gesto de la mano presentó rápidamente a sus colegas –Mi nombre es Chaos, y ellos son DragonFly y su primo BlueShake. Estaremos disponibles si necesitas algo.
–Gracias. –respondió Giant-Drop con una sonrisa fantasmagórica –Good night, y disculpen el alboroto… no volverá a pasar.
Cuando la torre rubia abandonó la escena cargando en brazos a Mega-Drop, los tres humanoides comenzaron a cuchichear entre sí:
–Si es un recién llegado y dice no tener que ver con Mega-Drop… ¿por qué anda disculpándose por él? –inquirió DragonFly con ojos suspicaces.
–Y más aun… ¿por qué se molestó en perseguirlo hasta aquí? –preguntó Chaos, con los ojos brillantes de sospecha –algo me dice que ese tío y Mega-Drop se traen algo entre manos.
–Quizás sea la idiosincrasia europea…– afirmó BlueShake con cierta vaguedad. En realidad, era el menos interesado en descubrir el “misterio” tras aquella torre rubia de aspecto imponente… lo único que deseaba era poder coincidir en celo con él alguna vez, porque a su ver, no estaba nada mal. DragonFly, que conocía bien los “gustos” de su joven primo topspin, le dio un codazo con una sonrisa de complicidad… y el tema de conversación se desvió:
– ¡No me digas que te atrae ese gigante! –dijo Chaos soltando una risita – ¡Si yo me tirase a ese tío terminaría convertido en WAFFLE humanoide! ¡Con Turbo-Force me basta y sobra!
Y los tres humanoides estallaron en una carcajada al unísono en medio de la madrugada…
******************
Finalmente regresaron a la habitación.
Mientras Mega-Drop estaba inconsciente, Giant-Drop quitaba las sábanas manchadas y las reemplazaba por nuevas; lavó y desapareció el bate ensangrentado, porque no deseaba que Mega-Drop lo volviese a ver, y menos en ese estado. Además, no estaba seguro de volverlo a emplear.
Acostó a la torre pelirroja y la cubrió con las mantas para que recuperase calor, ya que salir desnudo en medio de la madrugada seguramente no debió sentarle bien en lo absoluto.
–Mmm… ¿dónde… dónde estoy?
Giant-Drop alzó la vista al percatarse que Mega-Drop había despertado. Por un momento deseó poder hacerle pensar que lo acontecido hace unas horas había sido sólo un delirio o una pesadilla muy fea… desgraciadamente la realidad era la realidad, y no había forma de ocultarla ni disimularla.
–No recuerdo nada…– insistió Mega-Drop –sólo recuerdo correr y correr gritando por los pasillos… luego de ahí no recuerdo nada más.
* Me encandilo al ver
Cuán ciega puede ser tu razón.
Lo que estás buscando
Permanece igual,
Desapercibido a tus ojos...
–No te apurres… sólo tuviste una pesadilla. Te desmayaste en el pasillo y te traje de vuelta– mintió Giant-Drop, disimulando una expresión triste que intentaba colarse en su cara. Dudó si contarle lo acaecido frente a sus compañeros, pero decidió que por los momentos y debido a su estado, lo mejor era reservárselo; lo único que rogaba era que sus colegas no se fuesen de bocazas a decirle cosas al día siguiente. Probablemente no, se veía en sus ojos que tenían cierto miedo o recelo hacia Mega-Drop.
–Tienes que descansar, y no pienso volver a dejarte salir así, Mega-Drop– le dijo Giant-Drop muy serio. Caminó hasta su maletín de viaje y extrajo un objeto muy extraño: parecía una caja pequeña de caoba con toda clase de adornos, grabados y relieves por doquier – ¿Sabes qué es esto, mein kind?
Mega-Drop se quedó silencioso, con la mirada perdida en un rincón.
–Es una caja de música, lo único capaz de sedarnos sin importarr cuán violentos o enfadados estemos…– susurró mientras la colocaba en la mesa junto a la cama donde reposaba Mega-Drop –Con los años aprrendí a acostumbrrarme a su marravilloso sonido sin dorrmirme, perro no deja de sedarrme y ponerrme tan dócil como un corderro… perro a ti te pondrrá a dormir como un bebé.
* Siempre ha estado ahí,
Forma parte de ti,
Nunca se ha perdido.
Tan sólo un olvido:
Sin sombra no hay luz.
Sin sombra no hay luz.
Contempló a Mega-Drop, que no se había inmutado por la descripción del objeto; probablemente estaría incrédulo, en shock todavía o simplemente ausente… o tal vez una mezcla generosa de las tres cosas. Abrió la mencionada cajita y esta comenzó a tocar una tonada muy fina, suave y apenas audible para el humano corriente, pero clara y fuerte para el oído de una torre humanoide: Mega-Drop parpadeó cuando comenzó a escucharla, y poco a poco se sintió más pesado y somnoliento. Giant-Drop se le acercó para cerrarle los ojos con una mano y aprovechando el gesto para acariciar su perfil y el contorno de sus labios.
–Sólo concéntrrate en la tonada: déjala entrrar en tus oídos, déjala que permanezca en ellos y luego viaje a tu cerebrro; es algo que no podrrás evitar, porque nosotrras las torres tenemos aparrte de buenas narices, buen oído y por ende nos llega cualquier ruidito…– seguía hablando Giant-Drop en voz baja, luchando con la docilidad que sentía también –olvida todo, sólo piensa que dormirrás prrofundamente y no despertarrás en muchas horras…
Permaneció sentado junto a Mega-Drop hasta que éste quedó completamente desgonzado e inmóvil; sus ojos de zafiro lo contemplaban fijamente, absorto en la curiosa belleza que tanto el dolor como el abatimiento tallaban en su rostro normalmente iracundo… aunque esa belleza aún no valía del todo el choque y trauma emocional que imprimió en Mega-Drop. Deseó no haber hecho nada de todo aquello, deseó haber llegado y simplemente aguardado a que despertase y conversado tranquilamente; quizás eso hubiese sido lo mejor para los dos: por un lado Mega-Drop no estaría como ahora, sumido en un trance doloroso, y por otro el mismo Giant-Drop no estaría lidiando con un nuevo cargo de conciencia a tan sólo unas horas de haber llegado a Venezuela.
* Y disfrutas dolor sin
sentencia
Matando con la indiferencia
Fingiendo reír
Por dentro morir
Con falsa alegría
Consuelas mi ausencia.
Minutos después, Mega-Drop yacía desgonzado y dormido profundamente. La cajita de música había hecho su trabajo y aportado un sueño tranquilo a una mental y emocionalmente destrozada torre humanoide. Giant-Drop se recostó a su lado, con mucho sueño también; siendo una torre, no podía acorazarse del todo a los efectos sedantes de la caja musical.
“Desearía no haber hecho nada de esto…” fue lo último que pensó Giant-Drop antes de quedarse dormido profundamente.
* Siempre ha estado ahí,
Forma parte de ti,
Nunca se ha perdido.
Tan sólo un olvido...
*******************
Al día siguiente, Giant-Drop se despertó cansado y malhumorado; tenía los músculos algo acalambrados por la corredera y el estrés luego de lo acaecido con Mega-Drop. Se dirigió a su homónimo y lo despertó sacudiéndole suavemente de los hombros.
–Mein kind, despierta…– susurró –mein kind… mein kind…
Mega-Drop abrió los ojos con lentitud: parecía extraviado y sumido en algún espacio mental abstracto; demonios, ahora mismo su belleza era extremadamente cautivadora, muchísimo más que la noche anterior cuando lo durmió luego de que hiciese el ridículo afuera preso de un choque emocional. Su aspecto mezclaba dolor, tristeza y vacío juntos y se reflejaba en sus gestos lánguidos así como en sus ojos atigrados y ahora algo apagados, pero con leves destellos de vida…
“Aún vives, mein kind… sólo estás moribundo…” pensó Giant-Drop, y se inclinó a besar esos labios tentadores que tanto placer consiguieron darle anoche; fue un beso largo, como si quisiese “tatuarse” el sabor de todo lo que sentía Mega-Drop por dentro. Sorprendentemente, la torre pelirroja no se resistió, sino al contrario: le correspondió el beso, dejando que Giant-Drop fusionase su boca contra la suya. La torre rubia gruñó con algo de placer al ver la entrega.
Cuando al fin se separó de sus labios, rozó suavemente la punta de la nariz contra la de la torre pelirroja, que a su vez también le correspondía el gesto moviendo la suya con igual suavidad e impregnándose del aroma fuerte que emanaba Giant-Drop. El roce nariz con nariz era un gesto entre los de su especie cuando querían expresarse en silencio deseo o atracción mutua; además, siendo las que mejor olfato tenían entre las especies humanoides, el rozar las narices implicaba un intercambio de olores corporales que sólo las torres humanoides percibían entre sí.
“Te desea más allá de lo que piensas, Mega-Drop… por eso te violó pero se aseguró que sintieses placer al mismo tiempo” le susurró su mente “Es su manera de reafirmar su “serás mío a como dé lugar”… y ya eres de él, no lo olvides. Lo gemiste, lo afirmaste, y no lo rectificaste después…”
Cuando el intercambio de miradas y gestos entre ambas torres acabó, Mega-Drop sintió algo derrumbársele por dentro, más no sabía que era. Sólo pudo percibir que tal cosa ocurría cuando el aguijonazo en el pecho le atravesó, agudo y punzante, haciéndole jadear quedamente, como si no pudiese respirar o le costase mucho.
–Lo hecho, hecho está, mein kind. No se puede revertir.
“No puedo verte así, porque mientras me partes por dentro, también me entran ganas de volver a ensañarme contigo. Y no creo que te encuentres en condiciones de volver a sufrir como anoche… no sin morir irremediablemente por dentro…” pensaba la torre alemana, sin dejar de observar a su homónimo pelirrojo, que seguía jadeando de una manera un poco extraña, casi como si silbara; su pecho se agitaba trabajosamente, como los humanos cuando sufrían de enfermedades respiratorias. El instinto de protección le impulsó a colocarle la manaza en el amplio pecho, presionando con suavidad, como si con eso buscase tranquilizarlo.
–Shh… mein kind, descansa, seguro te sientes mal por no haber dormido suficiente. Tú puedes descansar y olvidarrte del mundo -incluyéndome a mi- si cierras esos ojos atigrados que tienes…– Giant-Drop volvió a besar sus labios pero fue con más suavidad, apenas rozándolos –Ahora duérmete, que yo me voy a trabajarr, me toca turrno…
Mega-Drop no dijo nada, sólo se arropó aún más y le dio la espalda. Giant-Drop tuvo que encogerse de hombros, pues al fin y al cabo, se lo merecía. Además, había cosas que simplemente no arreglaría con cariñitos ni nada. Cuando ya estaba a punto de salir de la habitación, le abrió la cajita musical para que su sueño al menos fuese fácilmente conciliable.
“Lo hecho, hecho está…” fue lo que pensó Giant-Drop al cerrar la puerta para ir a trabajar.
*************
Miles de cosas flotaron por la cabeza de Mega-Drop cuando se vio envuelto en la soledad de los senderos que lo llevaban a conciliar el sueño; recordó nuevamente a Drop-Zone, que debía estar hablándole a Desperado con una voz no muy diferente al de una grabadora. También pensó en Merengue, más no tenía idea de lo que pudiese estar haciendo en estos momentos, sólo rogaba que no fuese a cometer alguna estupidez como el suicidio, jamás se lo perdonaría; aunque tan terrible posibilidad era de esperarse en un humanoide que parecía sufrir de manía-depresiva, uno podría llevarse unas cuantas sorpresas. Después de todo, las apariencias engañan.
Se sentía agradablemente pesado, somnoliento, como si de repente se hubiese adentrado en plena alta mar y dejado arrastrarse por las diminutas olas del océano en calma. Imaginó un sol enorme brillando encima de él, y hasta le pareció escuchar las gaviotas y el sonido del mar.
“Ojala pudiese sentirme así siempre… podría olvidarme de todos y sólo flotar, sin volver a recordar nada…”
No obstante, su mente le hizo una mala pasada, y lo transportó hacia un momento que no deseaba recordar: la noche anterior. Se vio a si mismo tendido en la cama en medio de grandes machas de sangre lila, con Giant-Drop jadeándole encima como fiera en celo y obligándole a disfrutar de ser abusado y tocado. Aún tenía frescos sus insultos:
Uhhh… erres demasiado estrecho, “manito”… resultaste ser una virrgencita después de todo…
Mega-Drop gritaba, desgarrándose de dolor cada vez que Giant-Drop empujaba para desflorarlo, y éste solamente reía y reía sin parar, de vez en cuando acariciándolo para conminarle a sentir placer.
¿No te da vergüenza? Te estás contrayendo en torno a mi dedo cada vez que lo muevo… sin contar lo abierto que estás, mírate… y además ya tienes esa expresión de zorra gigantona típica de las torres pasivas…
“No es de esperarse que lo recuerde con tanta claridad, sólo han pasado unas cuantas horas desde que ocurrió…” pensaba Mega-Drop, revolviéndose en la cama. El dolor intenso, la sensación de desgarre, la vergüenza y el placer culpable que las tres unidas derivaban volvían a la mente de Mega-Drop con más fuerza que nunca, hasta hacerle sentir olas de calor en la parte baja del vientre. Aunque ya respiraba mejor -el aguijonazo pareció irse de vacaciones por los momentos- sentía que el celo volvía a atentar contra su cuerpo y hacerle suspirar de placer con cada cosa que recordase ahora mismo.
“Es la magia del celo… lo irracional que te vuelve…” pensó Mega-Drop, intentando ignorar las oleadas de calor concentradas en su vientre, y que sólo eran preludio para excitarse. Bien sabía la torre pelirroja que este no era -ni sería- el momento más oportuno para dejarse llevar por los instintos, los responsables de empeorar y casi arruinar su vida, mucho más de lo que ya estaba.
“No puedo evitarlo…” volvió a pensar, llevándose una mano para dejarla reposar ahí donde el calor parecía concentrarse y casi, casi querer reflejarse en un intenso tono rojizo, como si tuviese carbones encendidos por dentro. A medida que su insistente cabeza le recordaba todo aquello que no debía recordar -por lo menos, no ahora-, la respiración se le iba acelerando; su pecho fornido subía y bajaba, bañándose de una transpiración parecida a un rocío diminuto. Los pezones se le endurecieron, a pesar de que no estaba tocándoselos ni nada -de hecho todo Mega-Drop permanecía tieso y renuente a tocarse, so pena de arreciar la tormenta-, su vientre palpitaba lentamente y con tibias contracciones en las ingles, de esas que enloquecen y que señalan la fase del “no retorno”.
“Me niego a creer que me esté excitando de esta manera… es como… es como si me estuviese tocando otra vez…” pensaba Mega-Drop para sí mismo. Se quitó los guantes con lentitud y pasó las manos lisas y negras por todo su cuerpo, restregándose su propia transpiración, sintiendo su propio calor corporal. Era una sensación rayana en lo “animal” como solían comentar los humanos, pero el pequeño gran detalle es que precisamente el celo representaba hasta cierto punto la mitad completamente “animal” que tenía todo humanoide, sin importar su especie: fuese una temible torre como Mega-Drop, un diminuto disco giratorio como Merengue o una descomunal pero bondadosa montaña rusa como Desperado, todos caerían al sometimiento natural del celo. Así se los había impuesto la Madre Natura desde el primer momento que los creó.
Resolvió rendirse al llamado de la naturaleza, y a dejar que su mente fluyese; no servía de nada reprimirla ni obstruirla, y menos con el cántico y clamor de las hormonas rugiendo en su cuerpo. Además, por mucho que le disgustase recordar a Giant-Drop y su sonrisa odiosa de nazi resentido, no podía decir que no disfrutó aquella penetración brutal, humillante y dolorosa. Odiaba la idea a nivel mental, pero su cuerpo la adoraba y se reflejaba en el imperativo del instinto sobre su mente. Cerró los ojos y se acarició el vientre y la entrepierna con cierta insistencia, hasta que sintió el pene brotar con lentitud para mostrarse en todo su esplendor, listo para el contacto sexual, pero no había nadie en ese momento, era sólo Mega-Drop y su cuerpo...
O mejor dicho, Mega-Drop, su cuerpo y sus recuerdos indeseados.
La cajita de música seguía impasible a lo que ocurría, tan sólo ocupada tocando su pequeña tonada, impidiendo que Mega-Drop se alterase demasiado, cuán sedante natural. Además, el celo era lo suficientemente intenso como para acorazarlo un poco de los efectos sedantes de la caja de música. Por ende, podría disfrutar de sus actos de “autocomplacencia” con un mínimo de serenidad.
A los pocos minutos, la suave tonada de la cajita se veía interrumpida ocasionalmente por unos gemidos roncos provenientes de su único oyente envuelto en una culpable bruma de placer…
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Eran casi las seis de la tarde en Ciudad Mágica, y Giant-Drop estaba en medio de su hora habitual de descanso durante la jornada. En esos momentos aprovechaba para re-energizarse con Shookin’ Kola que distribuían gratuitamente a los humanoides que trabajaban; una humana de nombre Isabella se encargaba de dicha tarea: era una chica jovencísima, de expresión abierta y vivaz. No sentía miedo hacia ningún humanoide, no importaba la altura que tuviese, y a todos los trataba con igual alegría e imparcialidad. A Giant-Drop le agradaba, era de los pocos humanos que no se intimidaban ante su tamaño.
–Bueno, cuando llevas un tiempo trabajando aquí y ves a gigantes como Mega-Drop o Desperado, te acostumbras…– le había contestado cuando Giant-Drop le preguntaba cómo hacía para que no la asustasen los humanoides gigantes –además, son tan buenas personas que no pensarían en hacerte daño, claro está, a menos que intentes buscarlos por las malas… y creo que en eso son como nosotros los seres humanos ¿no lo crees así?
A Giant-Drop a veces le costaba entender a la muchacha, pues hablaba el español demasiado rápido, pero ella era tan buena y eficiente que tenía paciencia y le repetía las frases o se las decía con palabras más sencillas. En cierto momento se ofreció a hablarle en inglés, y aunque Giant-Drop estaba por aceptar, prefirió pedirle que lo hiciese en español porque al fin de cuentas necesitaba la práctica.
–En efecto, perro… debe ser extraño parra ustedes el trrabajar con nosotros…– comentó sentado en la barra mientras bebía – ¿de verras ven tanta diferencia?
Isabella se echó a reír.
–Vale chico, tú sí eres cómico… preguntas unas cosas. Bueno, la primera vez es posible que uno se sienta raro, porque digamos que ustedes tienen rasgos físicos diferentes a nosotros…– le mostró un brazo pálido y pecoso –por ejemplo, no tenemos pieles brillantes de color negro como ustedes, los cabellos de esos colores tan llamativos o esas descomunales estaturas... pero dejando de lado eso, mentalmente no veo la diferencia, quiero decir, hablan, piensan y sienten como nosotros.
Giant-Drop asintió con una sonrisa. La gente en Venezuela era demasiado agradable, muy abierta y jovial, siempre dispuesta a ayudar y especialmente muy alegre. Aún recordaba sus décadas viviendo en Alemania, donde todo era frío y oscuro. La gente era de modales extremadamente reservados y desconfiados; el espacio físico era celosamente guardado y eran capaz de cortarte una conversación amigable si te les acercabas mucho. Para Giant-Drop fue difícil vivir allá, no sólo durante la época de Hitler sino hasta el último momento en que se marchó. La antítesis total de la gente venezolana.
–He oído que estás compartiendo la habitación con el grandulón de Mega-Drop… ¿Él está bien? –inquirió Isabella. Giant-Drop tragó con dificultad ante la mención de su compañero de cuarto, pero logró mantener la compostura para no alarmarla ni hacerla sospechar.
–Digo, no lo he visto en todo el día de hoy y él suele salir a pavonearse por aquí, incluso cuando es su día libre…– insistió Isabella, sin percatarse de la turbiedad que se reflejaba en los zafiros de Giant-Drop –De todos modos, si lo ves, dile que se le echa de menos, que nos gustaría verle y charlar con él…
–De acuerdo, se lo dirré…– prometió Giant-Drop con una sonrisa nerviosa –Con permiso, que falta poco para reanudar mi jornada… fue un placerr conocerrle, señorrita Isabella.
–De nada, GD, ven cuando quieras…– replicó la muchacha antes de despedirse de la gigantesca torre germana.
**************
Cuando Giant-Drop regresó a la habitación, se consiguió con una escena totalmente inesperada:
Mega-Drop yacía completamente desarropado, exhibiendo toda su preciosa anatomía azabache brillante. Tenía el rostro “manchado” del más puro arrebol, el corto cabello rojizo desparramado, y los ojos cerrados, casi húmedos; su pecho se agitaba con cierto ritmo lento, pero sin pausa, y además bañado de un peculiar “resplandor” líquido que desprendía un encantador e intenso olor a hormonas y a orgasmos recientes. Giant-Drop aspiró con deleite la inesperada pero excitante fragancia, casi intoxicándose con ella.
** Hey, I'm your life
I'm the one who takes you there
Hey, I'm your life
I'm the one who cares
Cuando bajó la mirada, sus ojos captaron pequeños restos de esperma blanquecino que corría por el vientre, y entre las largas piernas de Mega-Drop. Entonces supo qué había pasado: su pequeño sufrido había estado entregándose a las delicias de los placeres en solitario, que era la opción cuando el ser amado -o el amo, en su defecto- no estaba presente. Giant-Drop sonrió al pensar si se habría estado tocando mientras recordaba lo acaecido la noche anterior… aunque era un pensamiento tonto y cruel también, porque no le cabía duda que Mega-Drop seguía sufriendo, y era peor cuando se daba cuenta que también encontró placer en medio de tan horribles circunstancias. Sin embargo, el celo le impedía dejar de imaginarse a aquella torre pelirroja retorciéndose deliciosamente en la cama, tal vez no sólo frotando sus partes genitales sino explorando alguna otra zona algo más alejada y oscura…
Giant-Drop se sentó en la orilla de la cama, tan sólo para observar detenidamente a Mega-Drop y seguir con los ojos el ritmo respiratorio que marcaban sus generosos pectorales; le apartó unos mechones que se adherían a su frente, que estaba pálida e igual de transpirada que el resto de su cuerpo azabache. Se inclinó lentamente y rozó la punta de su nariz con la de su homónimo, hasta que éste despertó, aparentemente, de algún otro profundo sueño.
–Ya estoy de vuelta, mein kind… veo que me has extrañado después de todo…– le dijo con una sonrisa amplia. Mega-Drop no contestó, sino que se limitó a mirarlo con sus ojos atigrados ya algo apagados y apáticos, pero que reforzaban la belleza tan impresionante que no dejaba de cautivar a Giant-Drop, que seguía mirándole casi embobado.
** They, they betray
I'm your only true friend now
They, they'll betray
I'm forever there
Mega-Drop, en cambio, tenía la vista algo borrosa y la voz de Giant-Drop le llegaba lejana y confusa, como si no estuviese allí en realidad. Le tomó unos cuantos minutos recobrar la nitidez y percatarse de lo que ocurría.
–Eres tú…– murmuró finalmente, dándose un lánguido estirón y quedándose boca arriba con los ojos entrecerrados; sentía una pereza agradable y una somnolencia placentera, como si le hubiesen inyectado litros y litros de aquella sustancia conocida por los humanos como “sedante”. Seguramente seguía en shock, más no lo sabía con seguridad… aunque lo intuía. En alguna parte leyó que las víctimas de violación experimentaban diversas clases de choques emocionales, y entre más fresco tuviesen la experiencia, más intensos y peligrosos eran.
Giant-Drop miró con arrobo el lánguido estirón de su compañero y acarició el vientre húmedo con suavidad, impregnándose de los restos de esperma, que estaba tibio; todavía conservaba su consistencia algo espesa y el aroma era fresco. Probablemente Mega-Drop no tendría ni diez minutos de haber llegado al orgasmo.
–No debiste jugar solito por tanto tiempo, mein kind…– le reprochó Giant-Drop con suavidad –bien sabías que tu amo vendría con ganas de comerte tras un duro día de trabajo.
Tomó un poco del semen que corría por el cuerpo de Mega-Drop y se lo dio a probar. La torre pelirroja aceptó y lamió suavemente los dedos de Giant-Drop hasta dejarlos limpios, relamiéndose luego con curiosa sensualidad. Fijó sus atigrados y apagados ojos -pero que ya mostraban leves destellos de lujuria- en los de Giant-Drop; fue un contacto visual pleno y fijo, que no mostraba señas de evasiva.
** I'm your dream, make you
real
I'm your eyes when you must steal
I'm your pain when you can't feel
Sad but true
–Tómame…–
Al comienzo, Giant-Drop parpadeó como si no hubiera escuchado bien… ¿realmente estaba pidiéndole que lo poseyera? Le devolvió la mirada fija y sin dubitativa, dándole a entender que aceptaba su entrega, así fuera sólo por ser prisionero del instinto natural. No obstante, muchas cosas terminaron por agolparse dentro de Giant-Drop: la culpabilidad, el sadismo y sus instintos de dominio exacerbados, que entre todos formaron una reacción en cadena con posibles consecuencias desastrosas.
–Te tomarré, eso tenlo por seguro…– gruñó Giant-Drop, recorriendo el cuerpo de su víctima con los ojos brillantes y hambrientos: eran los ojos de la irascibilidad, del instinto sin freno, de la lujuria y la locura de las que no se habla abiertamente sino en susurros, con el consiguiente tono de sobrecogimiento.
La reacción de Mega-Drop fue distenderse y ofrecer su cuerpo al depredador que tenía en frente. Una de las leyes que les impuso la Madre Natura es que la torre humanoide -fuesen hembras o varones- que lograse dominar y someter a otra, obtendría su sumisión total. Las “recompensas” por dominar a otra torre eran variadas, pero las mejores se daban durante el celo, donde conseguiría la gratificación del contacto sexual con la torre sumisa, y fuera de el, su mansedumbre, docilidad y compañía. De esa manera, la naturaleza barbárica, salvaje y revanchista de las torres humanoides tenía un contrapeso para reducir un poco la oleada de violencia diaria en la que vivían, producto de los instintos de dominio y tendencias vengativas típicas.
Y así estaba sucediendo en aquel preciso instante entre ambas torres humanoides: a pesar de los sentimientos de suciedad, culpabilidad, remordimiento y dolor, Mega-Drop tenía que aceptar que Giant-Drop lo había “sometido” y había ganado la contienda. De haber sido humano le habría sido más fácil regodearse en el sentimiento de indignidad y suciedad que sufrían las víctimas de violación, pero ése no era el caso. Mega-Drop no era ningún humano, y aunque había sido violado, forzado a sentir placer, no podía rebelarse contra la ley natural que se les había impuesto. Después de todo, el sistema de “leyes” entre humanoides no era el mismo que el de la tierra.
–Eres mío… yo te sometí…– masculló Giant-Drop, fijando sus zafiros azules en los ojos atigrados de Mega-Drop –ahora tienes que entregarte sin chistar.
La torre pelirroja no dijo nada, sino que siguió “ofreciéndosele” sin poner resistencia; dejaba que su dominador jugase con su piel y cada palmo de su cuerpo oscuro; las manos de Giant-Drop -que eran un poco más grandes que las del propio Mega-Drop- acariciaban cada parte con hambruna, como si hubiese pasado muchos períodos de celos sin probar a otro humanoide… y entre más rozaban y apretaban, más transpiraba la piel de Mega-Drop, cubriéndose de aquella secreción hormonal que tanto excitaba a Giant-Drop. La torre rubia se inclinó entre las piernas del sumiso y lamió cuanta sustancia cubriera esa zona, embriagándose con olores y sabores diversos; con cada movimiento insistente de su lengua buscaba sentir el cálido palpitar que le anunciaría el brote de la erección de su sometido. A veces se entretenía entre lascivos chupetones y mordiscos en la cara interna de los muslos, en especial en las ingles, donde estaba seguro que Mega-Drop sentiría esas deliciosas olas de calor.
** I'm your dream, mind astray
I'm your eyes while you're away
I'm your pain while you repay
You know it's sad but true
La habitación se llenó de sonidos lujuriosos por parte de Mega-Drop, que estaba enloqueciendo con la boca de su dominador; las largas piernas le flaqueaban, a pesar de que se las sujetaban fuertemente. Podía sentir los dedos de Giant-Drop hundidos en su piel oscura, marcándosela y donde luego aparecerían moretones lilas.
Finalmente la erección brotó, ante los ojos brillantes y casi dementes de Giant-Drop; no sabía si era su imaginación pero esta noche parecía tenerla aún más grande que la anterior. Se permitió acariciarla con un largo dedo, recorriéndola desde la punta hasta los testículos.
–Ya estás listo para tu amo Giant-Drop, mein kind…– susurró la torre rubia; con la mano que tenía libre tocó su propia erección, que cuadruplicaba la de Mega-Drop, y casualmente apuntaba justamente entre sus nalgas debido a la posición en la que estaba –apuesto a que quieres volver a “tragarme” ¿cierto?
No todo era caricias, también el hablar resultaba útil para excitar y mantener sumisa a su presa. Pudo convencerse aún más al observar a Mega-Drop retorciéndose en las sábanas, jadeando de la más pura ansiedad cada vez que le escuchaba. Sus ojos atigrados ahora no lucían apáticos sino brillantes y casi enloquecidos; eran ojos que, al igual que los del mismo Giant-Drop, habían perdido el raciocinio y eran arrasados por la ola del instinto más bajo.
–Si, quiero volver a sentirte, Giant-Drop…– susurró con una mueca lujuriosa. Se sujetó ambas piernas lo más abiertas posible, mostrándose sin pudores ni reservas –tómame, poséeme, hazme tuyo…
** You, you're my mask
You're my cover, my shelter
You, you're my mask
You're the one who's blamed
En ese momento algo hizo “¡KAPUT!” en la cabeza de Giant-Drop; fue como si de repente hubiesen explotado seiscientos fusibles al mismo tiempo y todo quedase oscuro e inutilizado. Así lucía la mente de la torre alemana al ver una vez más a su sometido ofreciéndosele según la ley de la torre humanoide más fuerte, con sus ojos brillantes de lujuria, la erección destacándole entre las piernas que abría de par en par, con la cadera alzada para facilitarle el trabajo y para rematar, transpirando aquel dulce aroma que sólo el celo con su complicado proceso de ebullición hormonal puede provocar.
Giant-Drop se le abalanzó encima, penetrándolo sin ningún cuidado; sólo estaba ocupado manteniendo a Mega-Drop clavado de espaldas en la cama, abriéndose paso por su renovada estrechez anal, y nuevamente ignorando si lo lastimaba o no. A pesar de que Mega-Drop gritaba y gemía de dolor por la intromisión, Giant-Drop no razonaba ni escuchaba, sólo empujaba su fornida cadera contra el cuerpo debajo suyo hasta que tocó fondo y oyó gritar a su presa de dolor y placer juntos. Un líquido cálido envolviendo su pene le avisó que Mega-Drop estaba sangrando, y sólo pudo conjurar mentalmente el vital líquido lila corriendo por entre las nalgas abiertas de su sometido, resaltando en su piel azabache y luego manchando la sábana…
Aquella visión sólo lo excitó y lo enloqueció aún más, provocando que hiciese la penetración aún más frenética y con ello le hiciese derramar un poco más de esa sangre lila que, paulatinamente iba lubricando esa zona. A los pocos minutos su pene lograba deslizarse fácilmente entre sonidos líquidos, y los gemidos de su sometido eran más lascivos que dolorosos.
–Siénteme de nuevo… y atrévete a decir que no te gusta… aun anoche gemías de puro gusto cuando te desfloré, putita gigante…– jadeó Giant-Drop cuando se inclinó y su rostro quedó a menos de dos centímetros de distancia del de Mega-Drop –Vamos, dilo… sé que te gusta… aunque llores y patalees al comienzo.
** Do, do my work
Do my dirty work, scapegoat
Do, do my deeds
For you're the one who's shamed
–Tienes razón…– logró farfullar Mega-Drop –me gusta a pesar de que duele tanto…
Giant-Drop se inclinó otro poco más pero fue para tomar aquellos deliciosos labios que admitían su sumisión al dolor que le impusiese. Ahora más que nunca sentía la tersura y suavidad que tenían, el calor y el delicioso sabor del néctar salival que los recubría. La torre rubia se relamió la boca con placer y ronroneó parte en su lengua vernácula y parte en español:
–Ja, mein kind… y te estás contrayendo del más puro placer…
Por unos segundos, Giant-Drop sacó su erección y la dejó bien a la vista de los ojos de Mega-Drop: estaba recubierta de gruesos hilos de sangre lila, algunos lo suficientemente espesos como para chorrear. La torre pelirroja gimoteó un poco ante la visión que tenía en frente, y luego al ver la cara de satisfacción de su dominador… pero contrario de asustarlo o amilanarlo, sólo lo excitó y le conminó para seguirse ofreciendo.
–Vuélvemela a meter…– suplicó jadeante –te lo ruego, por favor… vuélvemela a meter…
–Voltéate y muéstrame tu gran y carnoso trasero azabache primero…– ordenó Giant-Drop sin dejar de frotarse el miembro, ignorando que estaba también embadurnándose las manos de la sangre de su sumiso –y ábretelas, quiero verte todo…
Hízolo así Mega-Drop, con la más gustosa y libidinosa de sus miradas; se giró sobre su estómago y se colocó a gatas, con la cadera más alzada que el resto de su cuerpo, apoyándose, naturalmente, sobre sus largas piernas brillantes. Ya en la posición que la torre rubia deseaba, se “mostró” para él.
El raciocinio -o lo que quedase de el- terminó de irse de vacaciones de la mente de Giant-Drop; si ya el sólo escuchar gemir y suspirar a quien una vez le llamó “chingado nazi” y otros adjetivos similares le hacía perder la cabeza, el efecto era peor cuando le ofrecía su sangrante y lastimada abertura trasera, sin importarle el dolor o la idea de verse “ensuciado” por segunda vez por aquella torre impertinente que osó dominarlo.
En algún momento de todo ese arranque de lujuria propulsado por el celo, Mega-Drop pensó que tal vez no viviría, que todo se pondría negro cuando este momento terminase. La locura anormal que lo sacudía y que sólo en contadas veces le permitía pensar en algo que no fuese el pene de Giant-Drop sólo le decía que quizás su momento de quedar igual o peor que Drop-Zone estaba muy cerca… que quizás su momento de abandonarlo todo y tirarlo por la borda estaba acercándose.
“No importa, de todas formas… nadie me echará de menos…” pensaba Mega-Drop “Mejor que sea yo y no otro…”
Luego de todo lo acontecido -la golpiza de Desperado y el rompimiento con Merengue- ya Mega-Drop estaba realmente convencido de que nadie le echaría de menos si muriese de la misma manera que Drop-Zone… nadie lo extrañaría, nadie lloraría por él, nadie se extrañaría por su estado de silencio perenne. En resumen, sería olvidado, tal vez con la posible excepción de Giant-Drop, que lo había sometido y no tendría otra que permanecer a su lado, aún siendo candidato a Monalisa gigante. Tal vez se limitaría a traerle las latas de Shookin’ Kola, ayudarlo a ducharse, tenderle la cama, y otros cientos de cosas que hacen las torres sometidas.
Cuando ambos estuviesen en celo, sería su más devoto esclavo, sólo pendiente de satisfacerlo, tal como lo hacía ahora mismo, más cuando fuese solamente Mega-Drop quien tuviese el celo, tendría que arreglárselas si Giant-Drop no tenía ganas de complacerle… ya ahí no sabría con exactitud como se las bandearía.
Una vida de infierno total era lo que le esperaba, pero si no tenía nada por dentro, tal vez se le haría llevadero… si ya para ese entonces sería incapaz de sonreír o enfadarse, entonces no habrían demasiadas molestias.
“Lo lamento… pero ya no volverán a ocurrir estas cosas… sin ira no puedo vengarme de nadie… si ni siquiera puedo hacerlo con quien me sometió…” volvió a pensar Mega-Drop, llorando lo que posiblemente serían sus últimas lágrimas “Y lo siento tanto… Merengue… No fue mi intención herirte… como siempre soy bruto para hacer las cosas, más no debería culparte si no quieres volver a saber de mi…”
El gruñido de Giant-Drop al penetrarlo le hizo olvidar la momentánea tristeza que sintió y lo volvió a arrastrar al abismo de la locura sexual. La pelvis de su dominador chocaba con violencia contra sus nalgas sudorosas y le hacían perder el equilibrio: nuevamente el instinto animal volvía a dominarles y a hacerles olvidar su mitad humana.
–Mastúrbate, puta…– masculló Giant-Drop al oído del otro –y gime tan alto como puedas un “te pertenezco, Giant-Drop”…
** Hate, I'm your hate
I'm your hate when you want love
Pay, pay the price
Pay, for nothing's fair
La voz ronca y el acento “ladrado” de la torre alemana resultaron hipnotizantes para Mega-Drop; se llevó la mano enguantada y se frotó la generosa erección que colgaba entre sus piernas, a veces apretándola en un arrebato de dolor y placer o cuando Giant-Drop empujaba tan fuerte que le enviaba escalofríos por la espalda.
Nunca pensó que eventualmente terminaría disfrutando tanto y rindiéndose de la misma forma que solía hacerlo Drop-Zone… nunca creyó que tener algo dentro podría ser tan dolorosamente placentero, y jamás creyó, ni aún en sus peores momentos, que terminaría rindiéndose a otra torre humanoide más grande y agresiva.
Y sobretodo…
Jamás imaginó que lo disfrutaría tanto…
–Te pertenezco, Giant-Drop…– gemía Mega-Drop sin dejar de masturbarse –soy tuyo para todo lo que quieras… tú mandas sobre mí…
“Porque no tengo a dónde ir…”
–Así es, mein kind…– ronroneaba Giant-Drop; se permitió acariciar la ancha espalda de su presa, transpirada y olorosa a hormonas –por la ley del más fuerrte, eres mío, dentrro y fuera del celo… me seguirrás por siempre y desearrás que me quede a tu lado… tu vida ya no será placenterra si no me tienes junto a ti…
** Hey, I'm your life
I'm the one who took you there
Hey, I'm your life
And I no longer care
“Porque tu fuiste enviado para castigarme…”
–Así será… así será…– decía Mega-Drop, entregándose como un suicida se entrega a la muerte –siempre…
“Porque me estás devolviendo todo el daño que hice a quienes no lo merecían…”
Cuando dijo esto, el orgasmo golpeó brutalmente el cuerpo de ambos, amo y sumiso, y fue como si los hubiese precipitado por un oscuro pero dichoso abismo de locura y placer, donde ambos estarían gritando hasta quedarse sin voz. De hecho, tanto Mega-Drop como Giant-Drop gritaban al unísono, con toda la fuerza de sus pulmones, en una especie de coro que estremecería y resonaría no sólo en la habitación sino en la residencia entera. El grito rebotaría por las paredes, y llegaría a oídos de todos los humanoides, despiertos o dormidos.
Ambas torres humanoides colapsaron en el colchón, completamente exhaustas, jadeantes y sudorosas… aunque Mega-Drop todavía seguía estremeciéndose, como suele suceder con las “réplicas” de un terremoto que supera la magnitud de ocho en la escala de Richter.
Giant-Drop se dejó caer al lado de Mega-Drop para darle oportunidad de acomodarse mejor y descansar, pero al verle seguir sobre su estómago, lo atrajo hacia sí con la intención de recostarlo contra su pecho, pero en cierto instante que Mega-Drop quedó bocarriba, Giant-Drop vió como dejaba salir algo parecido a un “postrer aliento” y ponía los ojos en blanco…
“Fue un… placer conocerles…” Pensó Mega-Drop al sentir como todo se le nublaba y luego se le oscurecía alrededor “Merengue… aunque muera por dentro, siempre te amaré…”
Aquellos fueron los últimos pensamientos antes de que Mega-Drop finalmente colapsara y quedara totalmente inconsciente. Al caer pesadamente y quedar desgonzado, Giant-Drop se alarmó y trató de despertarlo, pero veía con horror que no sólo no respondía sino que estaba palideciendo con demasiada rapidez; su cuerpo estaba totalmente laxo, como una muñeca rota y sin vida.
** I'm your truth, telling lies
I'm your reasoned alibis
I'm inside open your eyes
I'm you
–Reacciona, Mega-Drop… ¡reacciona, zum donnerwetter! – seguía insistiendo Giant-Drop, sin éxito alguno –no puede ser que estés…
Era una posibilidad ridícula, porque bien sabía Giant-Drop que ningún humanoide moría así de la nada, así que terminó descartando esa idea… más ninguna otra venía a su ahora alarmada cabeza.
“Es tu culpa Giant-Drop… tú provocaste esto…” rezongó su conciencia “todo esto es tu culpa…”
Si, después de todo tenía razón… ya fuera que Mega-Drop se sintiese mal mucho antes de cruzarse con él, el caso es que había empeorado su estado mental, el que fuese que tuviese en ese momento. Y como si fuese poco, tuvo que “cagarla” volviendo a sus andadas y para colmo lastimándolo físicamente, sin importarle nada más salvo escucharlo decir un patético “soy tuyo”… ¿Qué necesidad había en hacer semejante escándalo y hacerle sufrir y sangrar como cerdo en matadero sólo para hacerle decir tan patética frase? Desgraciadamente, como torres humanoides que eran, obraron presos de los instintos bajos y el ansia de dominar.
Además, mucho antes de esto habían señales diferentes, que eran la negativa rotunda, la agresividad, el asco a ser penetrado, señales que Giant-Drop había visto más ignorado deliberadamente. Sin embargo, no tenía caso ponerse a llorar, tenía que hacer algo y eso era ¡ya!
–Tendré que llevarte a la enfermería, no puedo dejarte así nada más…– masculló Giant-Drop para sus adentros. Se vistió a la carrera, envolvió el cuerpo inerte de Mega-Drop en una manta y lo llevó en brazos, pegado a su fornido pecho. Mientras corría con la torre inconsciente en brazos, recordó que las de su especie eran propensas especialmente a las bajas de voltios, y que de prolongarse eso las llevaría a la muerte eventualmente…
Bajó la mirada, y notó que Mega-Drop aún no despertaba ni reaccionaba; lo único que veía era que su cabeza colgaba flojamente, bamboleándose con cada paso apresurado que daba; el saludable tono azul celeste que tenían sus párpados ya adquiría un macabro tono azul hielo, como si estuviese cercano a morir.
“No vas a morir, no voy a dejarte, no te me vas a morir…” insistía tercamente Giant-Drop mientras entraba como una tromba en la enfermería y aullaba a todo pulmón:
– ¡Enfermerra! ¡Enfermerra! ¡Doctorr! ¡Doctorr! ¡Quién sea, ayuda, es una emergencia!
Varias enfermeras salieron a su encuentro, visiblemente alarmadas:
– ¿Qué sucede, de qué se trata? –cuando vieron a Mega-Drop pálido e inconsciente, llamaron a toda prisa al doctor y a la jefe de enfermeras, Clarissa. Lo acostaron a toda prisa en la primera habitación que encontraron disponible.
–Cielos santo, es Mega-Drop de nuevo…– masculló el doctor, tratando de tomar el pulso y comprobando los signos vitales. De repente sus ojos captaron manchones grandes de sangre lila en la tela –Presenta además una hemorragia bastante intensa ¡Traigan gasas y equipo de primeros auxilios!
Cuando se trajo el equipo requerido, Clarissa subió un poco la sábana para trabajar mejor y se llevó una sorpresa escalofriante: la mayor parte de la hemorragia no provenía de ninguna herida externa sino más bien... interna. Clarissa se llevó la mano a la boca y murmuró a media voz:
–Doctor, la hemorragia proviene de…– no pudo completar la frase porque estaba paralizada de ver que tanta sangre provenía de un solo lugar. Cuando el doctor lo revisó, soltó un silbido de sobrecogimiento:
–Parecen señales de abuso sexual…– comentó en voz baja –Clarissa…
La expresión de la joven enfermera era alarmante: estaba pálida y se notaba que le asustaba la idea de tener que limpiarlo en esas zonas. Le palmeó el hombro y le susurró:
–No tienes que hacerlo si no puedes, le diremos a otra enfermera…–
–No– cortó la joven de repente –No puedo hacerle eso, él nos necesita… nosotros fuimos los que lo atendimos cuando se sentía mal, él sólo confiaría en nosotros…
Sin dejar que el doctor le replicase, Clarissa tomó más gasas y limpió con diligencia los restos de sangre que corrían entre las nalgas y muslos de Mega-Drop. Sabía que estando consciente jamás la dejaría hacer semejante cosa, por mucho que supiese que lo hacía por su bien… después de todo, las torres eran torres, al fin y al cabo.
No obstante, cuando obtuvo el puesto de enfermera en esta clínica, tuvo la sensación de abnegación que sienten aquellos dedicados a la salud tanto de humanos como animales… pero a ella le había tocado una especie de criaturas misteriosas que a la hora de la verdad, sufrían y se lastimaban igual que ellos.
Cuando terminó de limpiarlo, le colocó estratégicamente algunos apósitos para frenar un poco la hemorragia, y volvió a cubrirlo con la sábana, devolviéndole su dignidad.
–Se ve demasiado pálido…– comentó Clarissa, tocándole la frente sudorosa –Y sus párpados tienen un tono azul hielo, cuando en realidad son azul celeste… eso no es normal ¿habrá tenido una recaída?
–Pronto lo sabremos…– murmuró el doctor mientras le colocaba la jeringa del voltímetro en el antebrazo a Mega-Drop –Posiblemente la hemorragia también esté contribuyendo a debilitarlo más.
A los diez minutos, el aparato emitió un pitido y sacó una cifra en pantalla que ambos, doctor y enfermera, leyeron con ansiedad:
–Tres mil voltios…– susurró Clarissa –Sin duda es una baja de tensión lo que sufrió Mega-Drop, tanto hoy como anteayer… por eso está tan desgonzado…
–Si– afirmó una voz detrás de ellos. Cuando se giraron, se toparon con una imponente torre humanoide rubia: aunque sus ojos eran azules y fríos, se veía mucho más fiera y cruel que el mismo Mega-Drop; su estatura la hacía ver aún más escalofriante… ¡Debía medir al menos dos metros treinta! Clarissa se colocó detrás del doctor, visiblemente asustada:
–De hecho, el estándar de buena salud para una torre humanoide es tenerr un nivel de voltaje entrre los nueve mil y diez mil voltios en la sangrre…– prosiguió la torre rubia, con un tono algo triste. Se dio cuenta que tanto el doctor como la enfermería le tenían miedo, así que tomó asiento con cierta distancia para no asustarlos:
–Vaya…– a pesar del susto, el doctor anotó rápidamente el dato en su libreta –Muchas gracias ¿y quién es usted? ¿Conoce al paciente?
–Si, bueno, soy su compañerro de habitación. Me llamo Giant-Drop, y me trajeron ayer de Berlín, Alemania…– hizo una mueca de incomodidad – ¿Hay manerra de que se recuperre?
–Haremos todo en nuestras manos– contestó el doctor con su diplomacia habitual –esto parece ser una recaída, porque anteayer lo atendimos por la misma dolencia…
Clarissa se acercó al gigante de ojos azules, que no dejaba de estudiarla con la misma mirada que una vez le puso Mega-Drop; posiblemente las torres humanoides estaban acostumbradas a mirar así. A pesar del miedo, de la intimidación que esos ojos azules volcaban sobre ella, logró sostenerle la mirada sin desviarla:
–Fuiste tú quien lo trajo aquí ¿cierto? ¿No sabes qué pudo haberle causado esta recaída?
–No– mintió nuevamente Giant-Drop –Lo encontré así en la habitación cuando regresaba de tomar Shookin’ Kola…
Clarissa lo miró fijamente, como si percibiese la inseguridad y recelo de esta torre rubia. No obstante, su deber era cuidar del paciente, no ponerse a indagar en cosas que al final no eran asuntos de ella. Giant-Drop se sintió incomodo y desenfocó los ojos para no hacer el contacto visual tan directo; las torres humanoides tomaban aquello como señal de desafío.
–Mega-Drop esta muy, muy mal…– le dijo la enfermera, instándole a mirarla, aunque a ella le diese pavor mirar esos zafiros azules que casi doblaban el tamaño de un ojo humano –Y me temo que no despertará en muchas horas. Tendremos que administrarle Shookin’ Kola vía intravenosa y si es posible, electrochoques. Además, tiene señales de abuso sexual…
–Si, de hecho, Clarissa tuvo que limpiarle muchísima sangre…al parecer alguien se ensañó de lo lindo con él, sabrá Dios por qué. Debería hablar con la Manager, estas cosas no deben pasar…– dijo el doctor con una mirada muy seria y solemne –… se supone que este parque también es un albergue para ustedes, un lugar para que se sientan seguros entre un grupo de gente interesados en cuidarles y aprender con ustedes.
–Por favor, Giant-Drop…– insistió Clarissa, mirándolo a los ojos –si llegas a saber algo, dínoslo con confianza. Es nuestro deber cuidar de ustedes, pero no podemos hacer nada si se cierran de esta forma… además, piensa que así no sólo ayudarás a Mega-Drop, sino también a muchos otros humanoides para que no pasen por esta misma experiencia.
“No lo entendería, señorita…” pensó Giant-Drop, aún sorprendido de que la joven pudiese hablarle y sostenerle la mirada sin sentirse sobrecogida o intimidada “No lo entendería ni aunque se lo explicase con manzanitas…”
–De acuerdo, si me enterro de algo prometo decírselo, señorrrita…
–Clarissa…– le dijo la muchacha –Y él es el Dr. Francisco Rodríguez.
–Está bien, señorrita…
La enfermera soltó una risita por lo ladrado de su acento. Lo más divertido y curioso de estos humanoides eran los acentos tan diversos que adquirían en el país donde habían aterrizado por primera vez. Luego volvieron a centrar su atención en Mega-Drop, que parecía estar sumido en algún coma profundo.
–Yo regresarré a mi habitación… con tanto susto no me siento bien…– farfulló Giant-Drop, haciendo intentos desesperados de mantener la compostura –avísenme si despierta o muestra señales de mejorría…
Ambos -doctor y enfermera- contemplaron extrañados como Giant-Drop se alejaba escuetamente y abandonaba la enfermería. Por alguna razón, no parecían del todo convencidos de la veracidad de sus palabras…
******************
Esa misma noche, Drop-Zone estaba teniendo un sueño bastante intranquilo. Se removía en la cama, a veces gimiendo cosas ininteligibles en inglés. Desde que perdió la vida por dentro, era primera vez que tenía un sueño tan intranquilo.
Tras sus párpados fucsia, comenzaba a formarse lo que parecía el preludio de una pesadilla; todo aparecía oscuro ante sus ojos, que ahora eran brillantes, remanentes de lo que una vez fue en el pasado antes del mes infernal en Six Flags México.
– ¿Dónde estoy? – se preguntó en voz alta mientras se levantaba de lo que parecía ser un hermoso lecho con sábanas rojas, de cálida textura, que reptaban por su cuerpo brilloso y azabache. Estuvo tentado a dejarse caer otra vez, atraído por la suavidad de dichas mantas… pero algo por dentro le aconsejó ponerse en pie.
Al levantarse se dio cuenta que estaba completamente desnudo; el cabello le caía lacio por debajo de las nalgas, y apenas se bamboleaba cuando su dueño avanzaba, como si tuviese tela en vez de cabello. Drop-Zone avanzó por lo que parecía un pasillo iluminado tenuemente, y en donde no se oía ni un alma. De repente oyó un gemido de dolor, seguido de una risita cargada de tristeza. Aquel sonido le llamó la atención:
– ¿Quién anda allí…? – susurró a la semi-penumbra, de quien, por supuesto, no obtuvo respuesta. De repente, captó una silueta enorme agazapada entre las sombras; Drop-Zone, cauteloso, se acercó a ella:
–Oye… ¿quién eres…? – preguntó a la sombra. Cuando se acercó más, pudo reconocer al dueño de aquella enorme silueta: era Mega-Drop. Ahora el temor comenzaba a arremolinarse en sus entrañas, como una víbora cascabel; se detuvo a medio caminar y comenzó a retroceder, como lo hacía cuando aún estaba vivo… en el mundo real.
–No tienes que alejarte…– le dijo la sombra con un gemido ronco, que no era en absoluto aquellos que entonaba durante el celo –No tienes que hacerlo…
Soltó una risita cargada de inmensa tristeza, una tristeza que ahora inundaba el lugar y lo hacía parecer un corredor en blanco y negro. Cuando Drop-Zone miró con más detenimiento, vio sangre que parecía caer del rostro de Mega-Drop.
–Ehh… ¿estás herido? – volvió a insistir el topscan –Déjame ver…
–No te acerques…– contestó la torre humanoide, finalmente alzando la vista; sus ojos amarillos destellaban opacamente en la oscuridad, y parecían estar llorando…
¿Sangre lila?
–Holy shit…– murmuró Drop-Zone –Mega-Drop ¿qué ha ocurrido?
Antes de que el otro pudiese responder, el corredor comenzó a iluminarse con una luz casi cegadora. Cuando pudo siquiera abrir los ojos, se vió frente a un enorme precipicio, y a Mega-Drop parado en el borde; ostentaba una triste sonrisa de medio lado, y no dejaba de llorar sangre lila:
–Siempre he dicho que a todo cochino gordo le llega su sábado…– comentó sin alegría, aun sonriendo –y supongo que eso se aplicó conmigo…
El vacío ahora parecía abrirse de ansiosa anticipación ante la víctima que se le presentaba. Drop-Zone, alarmado, trató de detenerlo:
– ¡No hagas algo estúpido, Mega-Drop! – vociferó – ¡Esa no es forma de solucionar las cosas y lo sabes!
Naturalmente, Mega-Drop no le escuchaba, sino sólo sonreía, sin disuadirse de sus intenciones. Claro que era momento de morir, de dejarlo todo de lado; además, a quien le tocaba en realidad era a él para así pagar todo lo que hizo…
–De los dos quien merece morir aquí soy yo…– le dijo entre risitas –No te preocupes, gringo chaquetero, que nadie va a echarme de menos. Después de todo ¿quién querría a una torre como yo? Por eso Merengue me abandonó, por eso Desperado me golpeó, y por eso Giant-Drop me transformó en su torre sumisa…
– ¡Deja de decir tonterías! ¡Todos merecemos una oportunidad! – le reprochó Drop-Zone. Intentó jalarlo por el brazo para evitar que se arrojara, pero como el otro tenía mucha más fuerza, logró zafarse sin problema alguno.
–Sueños guajiros los tuyos, gringo pajero… bueno, no es que quiera decir que no tengo merecido todo aquello, pero…– Mega-Drop soltó una risotada completamente desprovista de humor o alegría –Esta torre se va a la chingada sin boleto de retorno… será mejor que vayan olvidándose de mí…
–Tu sabes que yo jamás podría hacerlo…– dijo Drop-Zone entre lágrimas –No puedo hacerlo porque tú así lo deseaste y yo no tenía otra que obedecer para pagarte lo que te hice…
–Lo que me hiciste no fue nada…– cortó Mega-Drop –eso fue sólo un juego de bebés topscans para aprender a ser adultos. Lo verdadero vino mucho después…
De repente, el suelo se estremeció bajo los pies de ambos humanoides; Mega-Drop pudo mantenerse gracias a su estatura y peso, pero Drop-Zone no: cayó de espaldas al suelo, a bastante distancia de la torre pelirroja, que seguía viéndolo con su sonrisa triste.
–Adiós gringo pajero… espero no tener que verte en el infierno…–
Acto seguido, se dejó caer de espaldas en el abismo bajo sus pies. Drop-Zone corrió tan sólo para ver como el otro se precipitaba a la negrura infinita…
– ¡¡MEGA-DROP!!
Drop-Zone despertó con un grito ahogado de aquella pesadilla tan extraña; estaba bañado de sudor y tembloroso, como si sintiese algo parecido al miedo. Miró a su alrededor, y pudo percatarse que Desperado aún dormía; vaya qué sueño más pesado tenía. De todos modos era mejor así, porque podría ir a averiguar qué ocurría con Mega-Drop sin tener que explicarle nada, so pretexto de que Desperado, en su instinto de protección, no le permitiese ir. Tan silencioso como el propio fantasma que parecía, Drop-Zone se levantó cuidadosamente y a medias, se colocó su armadura -lo suficiente para cubrir su ahora semi-desgarbado cuerpo- y finalmente abandonó el cuarto con el mayor silencio posible.
Era extraño que tuviese ese sueño con Mega-Drop justamente, y eso no le traía buenos presagios. Aunque no era exactamente supersticioso, Drop-Zone estaba seguro que algo iba a suceder con aquella torre mexicana, y lo mejor era acercarse a averiguar si pasaba algo. Apresuró el paso a fin de llegar lo más pronto posible a la enfermería…
*********************
Varias horas después que le hubiesen colocado la intravenosa, Mega-Drop despertó completamente desorientado; miró a su alrededor y se dio cuenta que había ido a parar a la enfermería nuevamente ¿qué habría ocurrido? No recordaba nada, salvo escuchar a Giant-Drop ronronearle lo mucho que le pertenecía y reafirmando su dominio sobre él. Aún tenía fresca su voz, su cuerpo pesado contra el suyo -que ya era bien pesado- y las sensaciones impresas perduraban, como tatuadas sobre sus terminaciones nerviosas.
Una punzada en el brazo lo despertó de sus pensamientos y le hizo virarse; tenía una enorme aguja clavada, con un gran tubo de plástico que conducía a lo que parecía un extraño paquete con líquido dentro.
“Una intravenosa…” pensó, y aquello fue lo que le iluminó la mente; recordó la baja de voltios de la noche antes de Giant-Drop llegar, y la advertencia de que no hiciese esfuerzo alguno. Posiblemente aquellas “cosas” que hizo esa noche terminaron por debilitarlo y hacerle tener una nueva recaída, y esa era la razón por la que se hallaba nuevamente en la enfermería. Por ese lado no había más misterios.
Acostado como estaba, se dedicó a reflexionar sobre los recientes acontecimientos -la ruptura con Merengue, la golpiza de Desperado y luego culminando con la violación y sometimiento por parte de Giant-Drop- y en definitiva, concluyó que tenía todo bien merecido. Después de todo, engañó a Merengue para acabar con Drop-Zone, lastimando a su vez a Desperado, y entonces sólo alguien como Giant-Drop -más grande y por ende, más dominante- pudo administrarle el castigo que se merecía, con la consiguiente esclavitud conforme las leyes de la madre natura.
*** Life it seems, will fade
away
Drifting further every day
Getting lost within myself
Nothing matters no one else
Ahora yacía dolorido y solitario en una cama de enfermería; tan sólo tendría la compañía de los médicos y la buena enfermera… ¿cómo era que dijo llamarse? ¿Clara? ¿Clarabella? ¿Clarissa? Ah, sí, era Clarissa.
Pero tan pronto supiesen de sus crímenes, ellos también le dejarían de lado. Después de todo, si un humanoide le tendría miedo, ¿qué dejarían para un pobre humano?
Soltó una risita triste, cuando de repente un dolor agudo atravesó su pecho; no fue como el que había experimentado antes, éste era mucho más intenso y desgarrante. Mega-Drop gimoteó inaudiblemente mientras volvía a agarrarse el pecho. El dolor iba aumentando, como si fuese una gran lanza que le atravesaban por dentro, y esta vez se negaba a irse. No habría sedante ni siesta que lo aliviara.
“No importa… todo pasará en algún momento…” fue lo que pensó antes de cerrar los ojos y entregarse a la oscuridad… “Ahora sólo deseo que esto termine…”
*** I have lost the will to
live
Simply nothing more to give
There is nothing more for me
Need the end to set me free
En eso, la puerta del pequeño recinto se abrió, dejando ver una silueta que ni en sueños Mega-Drop habría esperado ver: era Drop-Zone. Cargaba el pelo lacio y la armadura a medio vestir, como si se la hubiese puesto a la carrera. Por un momento pensó que había venido a entregarse, pero nada, dudaba mucho que lo hiciera ahora.
– ¿Qué haces aquí, gringo chaquetero? – preguntó con cierta sorna que ocultaba su incredulidad y sorpresa.
Drop-Zone se le quedó mirando por unos segundos, y luego ocupó la silla junto a la cama donde yacía Mega-Drop; el gesto con que hizo aquello era sencillo, y la postura muy recta, muy contraria de cuando vivía. De esa forma, la torre pelirroja pudo contemplar aquellas esmeraldas sin vida, y esa boca inexpresiva, cuan Monalisa de dos patas.
–Simplemente, pasé…– le dijo Drop-Zone, rompiendo el hielo, con su voz de autómata. No obstante, tenía muy en claro que si contaba el sueño, probablemente Mega-Drop se burlaría a más no poder. Sin embargo, se dio cuenta que de hecho, los ojos atigrados de Mega-Drop estaban muy apagados, sin brillo… tal como en el sueño.
–Okey, pasaste, ahora lárgate, con un demonio– le replicó Mega-Drop, haciéndole una mueca desdeñosa con los dientes –No quiero otra golpiza de parte de tu novio…
Le conminaba a irse porque no deseaba que le viese morir; no deseaba que lo viese fallecer de la misma manera que tuvo que verlo en Six Flags Mexico. Además, de sólo mirarlo y terminar de darse cuenta de lo delicado que era -especialmente con el cabello cayéndole como una tela sobre el cuerpo- no podía evitar sentir remordimiento; como ya lo había pensado, el verdadero desvirgue, la verdadera y sucia humillación comenzó con Giant-Drop y no con Drop-Zone, quien al lado de aquel terrible gigante germano era tan sólo un niño, un humanoide pequeño que debería quedarse en brazos de alguien fuerte y que merecía además seguir viviendo después de todo. El matarlo sólo causó más dolor, tanto para sí mismo como para Desperado, que a fin de cuentas, jamás mereció semejante castigo.
*** Things are not what they
used to be
Missing one inside of me
Deathly lost, this can't be real
Cannot stand this hell I feel
–Vas a morir ¿cierto? Lo veo en tus ojos y lo siento en tu ser…– le dijo Drop-Zone en voz baja –, tu vida también se extingue, como ocurrió con la mía…
–Sí, y seguro debes estar contento de poder verme en las mismas condiciones ¿eh? – retrucó Mega-Drop, dejándose caer en la cama –Y seguro luego irás a meterle el chisme a Desperado para que también venga a reírse.
–No puedo regocijarme porque no siento nada– replicó Drop-Zone sin inmutarse –Tú debes saberlo mejor que yo.
–Tal vez… pero tu novio si se encargará de hacerlo por ti…
–No, porque no pienso decirle nada. De mi boca no lo sabrá, así que vuelta a empezar– contraatacó Drop-Zone con su voz mecánica –Ahora seremos dos “Monalisas” andantes…
–Pero al menos tienes gente a tu lado, menso… yo no tengo a nadie– le dijo Mega-Drop –Al menos tienes el calor de Desperado, podrás sentir a través de él… pero yo no. No tengo nada, ni nadie, estoy tan solo como la una.
– ¿De qué sirve tener calor cuando no lo sientes? – preguntó Drop-Zone, aun inexpresivo – ¿De qué sirve que te abracen cuando no lo sientes? ¿Qué punto tiene llorar por quien es incapaz de sentir empatía por ti?
*** Emptiness is filing me
To the point of agony
Growing darkness taking dawn
I was me, but now He's gone
Todo esto se lo dijo recordando aquella noche cuando Desperado trataba de abrazarlo y mimarlo para que reaccionase… el dolor retratado en sus facciones era demasiado evidente y era algo que Drop-Zone jamás pudo olvidar. Deseaba con todo poderle corresponder semejante torrente de emoción pero estaba completamente incapacitado de ello.
–Tú estás en el opuesto a mi situación: puedes sentir pero no tienes el calor, mientras que yo lo tengo pero no lo siento…– insistió Drop-Zone, acercando su rostro al de Mega-Drop; su largo cabello negro caía recto, alargando aún más su cara pálida –yo tengo lo que a ti te hace falta…
Mega-Drop se quedó pensativo y especialmente muy triste; entendía la condición de Drop-Zone, y su propia culpa por llevarlo a ella. Ahora que fue violado y sometido por una torre más grande y mucho más maligna, Mega-Drop pudo ver a Drop-Zone como lo que era en realidad: un bebé topscan que quiso jugar a ser adulto en un arranque de celo, que a todos los volvía irracionales.
Miró fijamente al topscan “Monalisa” que estaba sentado frente a él, con sus manos enguantadas, pulcras y cruzadas sobre su regazo. Pensó que su último regalo sería observar esa belleza lánguida antes de morir. Drop-Zone “presintió” lo que pensaba, y sonrió con una mueca vacía y carente de calidez:
–Creo que es momento entonces de despedirnos… supongo que quien me dominó va a desaparecer…
Mega-Drop se le quedó mirando un momento, de arriba abajo; la sensualidad lánguida y algo sufrida de Drop-Zone era tentadora… su fragilidad era ahora más perceptible que nunca. Mega-Drop lamentaba estar enfermo y débil, sino aprovecharía el momento. Respondió con una sonrisa desvanecida.
–Bueno, al menos lo recordaremos… seremos monalisas, pero no olvidadizos…– le hizo un gesto con los brazos –Ven aquí, gringo chaquetero…
Sin pensarlo mucho, Drop-Zone se acercó a la cama y se dejó abrazar por Mega-Drop. Fueron dos enormes brazos los que le rodearon, y en ellos se percibía una tristeza resignada, como la de un enfermo que sabe que morirá en cuestión de horas. Aunque no podía sentirse emocionalmente identificado por su carencia de sentimientos, si podía percibir tales emociones, del mismo modo que percibía las de Desperado.
“Delicado… esto si que es delicado…” pensó al darse cuenta que tenía que juntar mucho sus brazos para abarcar completamente el frágil cuerpo de Drop-Zone.
–Lo siento mucho, Drop-Zone…– dijo Mega-Drop, sin soltarlo –hice mal al asesinarte por dentro… lo único que quiero hacer ahora antes de morir es perdonarte por todo, pero tú no tienes que hacerlo si no quieres.
Drop-Zone alzó la mirada y enfrentó sus esmeraldas muertas a los ojos atigrados y moribundos de Mega-Drop, como si no diese crédito a lo que escuchó.
– ¿Escuché bien o mi español ha degenerado?
–No, gringo pajero… tu español está muy bien y no has oído mal…– le dijo Mega-Drop, abrazándolo y escondiendo la mirada. El dolor en su pecho comenzó a arreciar de nuevo, provocando que apretase a Drop-Zone en demasía, como si buscase algo de consuelo en la delicadeza de su cuerpo.
–Ojala pudiese darte lo que me queda por dentro… al menos tú lo emplearías para volver a la vida y regresar junto a Desperado…– dijo entre susurros –Que cuando yo muera, tú volvieses a sentir tan sólo un poquito, que sé que Desperado con su gran amor puede hacer el resto. Después de todo, cuando tienes a un ser que te ama, nada parece ser imposible…
–Pero… pero…
–Desearía que revivieses, que volvieses a ser el mismo pajero de antes… que volvieses a sonreír y a armar el escándalo cuando te molestaba…– la voz de Mega-Drop se quebró –Déjame a mi la muerte, que a mi me sienta mejor, y no tengo quien me llore ni me extrañe… ni un perro que me ladre, siquiera.
“Lo siento mucho… pero ha llegado el momento de partir… ahora si he de decir adiós a todos…” pensó Mega-Drop.
De repente, algo que parecía un vacío blanco e infinito los envolvió en una suerte de bruma de inconsciencia. Ninguno de los dos entendía lo que ocurría, sino tan sólo el estar envueltos en una neblina blanca y difusa.
Sin embargo, Mega-Drop sabía que a pesar de la niebla, estaba aún sosteniendo a Drop-Zone. Podía apreciar sus facciones pálidas y el pelo negro destacaba por encima del blanco de la espesa nebulosa. Mientras estaban “abrazados”, millares de imágenes pasaron por sus mentes y se entremezclaron; eran todos aquellos recuerdos del Six Flags México con lo acontecido con Giant-Drop hacía horas atrás. Para la torre pelirroja, fue como recibir latigazos en el corazón, y dejó salir un quejido seguido de un llanto. El topscan le correspondió con otro quejido de dolor.
Mega-Drop alzó la mirada y vió a Drop-Zone con más claridad que nunca; sus ojos ahora no eran vacuos, sino opacos y tristes, de aquel que ha llorado mucho. Acarició su rostro y secó las lágrimas que ya corrían por aquellas facciones.
No te vayas… ¿por qué tiene que terminar así? ¿Es que no hay otra solución? susurró Drop-Zone entre llanto ¿Por qué la muerte? ¿Por qué?
Porque esto fue lo que se me destinó, Drop-Zone… lo siento mucho… replicó Mega-Drop mirándole fijamente, mientras sus ojos perdían totalmente el brillo Pero al menos serás libre y yo habré pagado mis deudas… Adiós, Drop-Zone…
Mega-Drop acercó lentamente su rostro y besó al topscan que tenía en brazos, con lo último que tenía por dentro. Quería dejárselo, que al menos le quedara el sabor de una emoción, de una sensación.
“Sé feliz… y no me extrañes…”
*** No one but me can save
myself, but it's too late
Now I can't think, think why I should even try
Yesterday seems as though it never existed
Death greets me warm, now I will just say good-bye
La bruma comenzó a desvanecerse, pero no fue nada agradable: apenas despertó, Mega-Drop gritó de dolor; fue un grito intenso y desgarrador, como si grandes garras lo arañasen por dentro y desgarrasen las delicadas paredes de su ser. Drop-Zone, en cambio, cayó desmayado con un ruido sordo, aterrizando al pie de la cama de Mega-Drop, quien seguía aún vociferando y gritando; tenía los ojos cerrados con fuerza descomunal y los puños contraídos hasta que brotó sangre por ellos. El alboroto finalmente atrajo al grupo de enfermeras, que acudieron volando a la habitación.
– ¿Qué esta sucediendo aquí?
La otra cogió un walkie-takie y dijo:
–Código azul de emergencia, repito, hay una emergencia en la habitación 23; uno de los pacientes parece tener un ataque y otro humanoide está desmayado.
Clarissa y el doctor acudieron tan rápido como pudieron, y no dieron crédito a lo que veían: ¡Mega-Drop gritaba y se retorcía como un salvaje!
– ¡Adminístrenle un sedante, que está muy nervioso!
Tuvieron que dominarlo entre varias, porque Mega-Drop era enorme y demasiado corpulento para una sola frágil enfermera. Clarissa se adelantó y le inyectó el calmante, aprovechando que la vena había sobresalido, producto de la alteración de la torre humanoide.
–Cálmate Mega-Drop, te pondrás bien…– le susurró mientras le inyectaba dicha sustancia –Te pongo esto para tranquilizarte, y te sentirás mejor, mucho más relajado…
La torre parecía sorda, seguía forcejeando; varios Control Master tuvieron que acudir y sostenerlo hasta que al fin terminó relajándose en la cama. A los pocos minutos dormía profundamente, como una enorme bestia cansada.
–Jesús bendito…– murmuró el doctor, con expresión perpleja – ¿qué le habría desencadenado este ataque?
–No lo sé…– dijo Clarissa –además, Drop-Zone fue encontrado desmayado al pie de su cama. No sé si habrían estado peleando o que se yo…
El doctor se acercó al topscan que yacía inconsciente sobre un sofá. Era muy delgado y varias capas de pelo negro cubrían gran parte de su cara, tan pálida como la cera.
–No tiene señales de golpes, a menos que lo haya recibido en la cabeza– dijo en voz baja el doctor; tomó una pequeña linterna y examinó las pupilas, que se dilataban al estar frente al foco luminoso –normal, no hay señal de conmoción cerebral o algo parecido… pero estas criaturas siguen siendo un enigma para nosotros.
–Quizás deberíamos hablar con la Manager a ver si hacemos contacto con otros sitios… estos humanoides no pueden ser los únicos de esta tierra… seguro hay más que viven en otros países– afirmó Clarissa –Tal vez ellos si tengan la información que nos hace falta…
–O tal vez ellos sepan tanto o menos que nosotros…– respondió el doctor –por ahora vamos a ocuparnos del topscan, mientras Mega-Drop descansa. Demasiado alboroto por hoy.
*************************
–Ha muerto, lo sé…– murmuró Giant-Drop en su habitación –Puedo olerlo en el aire…
Tras dejar a Mega-Drop en la enfermería, la torre alemana había regresado a la habitación para tratar de dormir, pero ni con la caja de música le fue posible, salvo sumirse en un sopor sumamente intranquilo. A la final, descartó la idea de dormir, pues sería inútil.
**** Life is bigger
It's bigger than you
And you are not me
The lengths that I will go to
The distance in your eyes
Oh no I've said too much
I set it up
Aún recordaba la mirada de la enfermera, que era demasiado acusadora, demasiado. Parecía incluso intuir que él había tenido que ver en las condiciones de Mega-Drop.
… se supone que este parque también es un albergue para ustedes, un lugar para que se sientan seguros entre un grupo de gente interesados en cuidarles y aprender con ustedes.
–Clarro…– masculló Giant-Drop –Perro no contarron con el pequeño grran detalle que entre humanoides rara vez las cosas son segurras, y más si son torres como nosotrros…
“Debo ir a verlo, no puedo quedarrme aquí como un cobarrde… yo lo dominé, lo sometí y lo convertí en esclavo… amén de ayudar a que se sintiese peorr…” seguía reprochándose Giant-Drop “Actué como el nazi que él dijo que erra…”
Resolvió salir de la habitación y darse una vuelta por el parque para aclarar sus pensamientos. No valía la pena andar allí remordiéndose, y menos cuando sabía que así no arreglaría nada; en realidad, NADA tenía arreglo. Nada de nada.
Lo único que podría hacer, en cambio, era aprovechar la ley de la madre natura para darle algo de compañía. Después de todo, algo que si tenía claro era que Mega-Drop estaba tan solo como el propio Giant-Drop.
“No sé si soportaré verlo morir ante mis ojos… pero es una responsabilidad que debo asumir…” pensó “además, alguien debe encargarse de él…”
********************
Eran casi las seis de la mañana cuando Giant-Drop tocaba la puerta de la enfermería, y los pajaritos comenzaban a trinar. Al comienzo dudó, pensando que por la hora ya no le atenderían… más qué sorpresa, la misma enfermera rubia que atendía a Mega-Drop le abrió.
– ¿Diga?
–Ehh, deseo verr a Mega-Drop… ¿habrá desperrtado? –preguntó con la mirada baja. La enfermera se le quedó viendo por unos minutos y finalmente le abrió.
–Entra. Recién abrió los ojos, parece que el calmante caducó– señaló mientras le guiaba a la habitación –Pero por favor, te suplico que no lo alteres ni dejes que haga esfuerzos. Aún su nivel de voltaje es muy bajo, y se le complicó con un ataque que le dio hace unas horas…
–De acuerrdo, muchas grracias, señorrita– replicó Giant-Drop mientras entraba en el pequeño recinto.
Efectivamente, Mega-Drop había despertado, pero permanecía silencioso, con la mirada baja, en actitud de estar estudiando algo entre sus manos. Ni siquiera reaccionó cuando Giant-Drop se sentó junto a la cama.
**** I thought that I heard you
laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try
–Mein kind…– le dijo en voz baja, tratando de llamarle la atención –mein kind, he venido a visitarte…
Ante sus palabras, Mega-Drop sólo alzó la mirada, y el cierzo pareció desplomarse sobre los anchos hombros de Giant-Drop; los ojos de la torre pelirroja, de otrora atigrados, de un dulce color ambarino, ahora estaban casi, casi apagados. No veía reflejo ni brillo alguno en ellos.
–Hola mein herr…– replicó con un hilo de voz completamente carente de entonación –Veo que has llegado a tiempo…
Naturalmente, a Giant-Drop no le gustó aquello.
– ¿A tiempo para qué? ¿Ya te dieron de alta, mein kind?
“Ojala fuese eso en verdad, pero sabes que no es así…” susurró su conciencia gruñona.
–Me darán de alta mañana– contestó Mega-Drop, ojeando a su alrededor y sin centrar la vista en nada, ni siquiera en Giant-Drop –Dicen que aun estoy débil, y que no puedo siquiera ir a trabajar…
–Lo sé, mein kind, de hecho la enfermera me lo acaba de decir… que tuviste un ataque o algo así…– respondió la torre rubia, deseando en el fondo desviar el tema, o al menos retrasar el momento que no deseaba que llegase…
**** Every whisper
Of every waking hour
I'm choosing my confessions
Trying to keep an eye on you
Like a hurt lost and blinded fool
Oh no I've said too much
I set it up
–Así es… fue algo desagradable… sentí, como si todo en mi desapareciese, como si me dejasen sin alma…– sus ojos apagados se fijaron en los azules de Giant-Drop –pero Él ha estado esperándote, tan sólo para verte por última vez.
Trabajosamente, se acercó a Giant-Drop y rozó primero su nariz contra la suya, y finalmente bajó a sus labios, que besó en un gesto demorado.
–Aquel que te odió sólo te dice… adiós…– murmuró Mega-Drop cuando se separó, quedando a pocos centímetros de su rostro. En ese instante, Giant-Drop observó como los ojos atigrados de Mega-Drop perdían definitivamente todo brillo, quedando en un desagradable y opaco color ocre oscuro.
Ya había muerto…
La impresión que aquello causó en
Giant-Drop fue tan enorme que no se percató que estaba llorando; no sintió dos
grandes hilos de lágrimas surcar su rostro pálido, ni mucho menos podía
re-frenarlas. Mega-Drop sonrió, pero era una mueca de Monalisa, carente de
emoción y calidez.
–No es tu culpa. Sólo hice lo que tenía que hacer…
– ¿Qué? –Giant-Drop alzó la mirada como si le hubiesen abofeteado –Mejorr explícate…
La torre pelirroja lo miró largamente, dudando si contarle aquella historia; el “intento” de violación por parte de Drop-Zone, luego la revancha que lo mató, seguido de la paliza de Desperado y el rompimiento con Merengue… al final desistió y reservó esa parte de su vida para relatársela en otra ocasión, sabedor que Giant-Drop alguna vez lo obligaría a hacerlo, pero no ahorita, por fortuna.
–Es una historia muy larga, pero sólo puedo decirte que todas mis deudas están saldadas– respondió Mega-Drop sin borrar su extraña y vacua sonrisa –Aquel que sufrió volverá a vivir, por lo menos. Mejor que sea yo y no él…
Giant-Drop bajó la mirada; aunque no sabía nada de la vida de Mega-Drop antes de su llegada, si pudo entender que fue lo que hizo. Se sacrificó para el bien de otro humanoide. Alzó la mirada y esbozó una mueca triste.
–Te sacrrificaste por esa perrsona parra que pudiese vivirr… mein kind…– dijo Giant-Drop, mirándole con fijeza –me sorprendes… y no lo digo en ironía.
–No confundas– respondió fríamente Mega-Drop, con cierto aire categórico –sólo le devolví lo que le quité, es todo.
–Te quitaste la vida de dentro tuyo parra dárrsela a otrro… – Giant-Drop le cogió ambas manos, que a pesar de tenerlas enguantadas, estaban frías como un témpano – sacrrificio es sacrrificio, mein kind, y no importa qué palabras ni qué semántica escojas, el lenguaje del sacrrificio es univerrsal…
–Como quieras…– le dijo Mega-Drop, encogiéndose de hombros; ni las palabras ni la aprobación de Giant-Drop le inspiraban sentimiento alguno –el caso es que vivirá eventualmente… tiene quien le quiera, después de todo. Yo no, así que dudo que a alguien le importe si muero por dentro…
Giant-Drop meneó la cabeza, algo dolido por sentirse excluido de ese “grupo”, más no podía culparlo porque sus acciones demostraron lo contrario. No puedes demostrar amor a quien golpeas, menos a quien sometes a tu antojo y con la peor de las premeditaciones. En cambio, sólo podía hacer una cosa: hacerle compañía para siempre.
–En ese caso, mein kind…– dijo Giant-Drop, esbozando una mueca de fingida dureza y algo de burla –podrrías ser un excelente esclavo y compañero. Yo estoy solo, tú estás solo, así que nos hacemos compañía ¿te parrece un buen trrato? ¿Comprras?
La torre pelirroja sólo se encogió de hombros, sin abandonar su sonrisa de Monalisa.
–Pues si tú quieres, lo hacemos así, pues lo mismo me da. La soledad no molesta cuando estás muerto por dentro, y supongo que la esclavitud tampoco…– sus ojos muertos vagaban por todos los rincones de la habitación, con la vaguedad de un ventilador puesto para girar –Pero no puedo salir hasta que me den de alta…
–Lo sé, y con eso no tengo problema alguno, mein kind…– concedió Giant-Drop –Vendré a buscarte cuando ya te permitan salir, perro mientras tanto tendrás que aguantarte mis visitas…
–Lo que quieras…– le dijo Mega-Drop sin dejar de sonreír –pero nada de joderme aquí porque los médicos se enojarán y te sacarán de aquí a rastras con una grúa si es preciso. No te recomiendo que los busques por las malas.
–Mein kind…– la torre rubia se le quedó viendo fijamente; Mega-Drop no había cambiado su expresión en lo absoluto, y toda su voz era absolutamente monótona, como la de una grabadora o un periodista aburrido que recita la misma noticia una y otra vez.
**** I thought that I heard you
laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try
But that was just a dream
That was just a dream
Giant-Drop se levantó con lentitud, pero sin dejar de observar a aquella Monalisa andante; muy a pesar de que le dolía su presente estado, no podía negar que lo encontraba más hermoso que nunca: una Monalisa de dos metros, callada, sumisa y con una sonrisa fantasmagóricamente hermosa. A sus ojos dolidos y arrepentidos, su imagen era ahora la supina belleza que sólo el sufrimiento extremo era capaz de tallar al eliminar la emoción y el calor que ésta producía. Giant-Drop supuso que algún consuelo tenía que encontrar en medio de todo este tormento, y ése era su hermosa Monalisa de dos metros.
–Vendré a verte más tarde, por ahorrra quiero dejarte descansar;– le dijo antes de girar el pomo de la puerta –Tschus, mein kind…
–Tschus…– respondió Mega-Drop; por contexto y situación, intuyó que aquello debía ser “chao” en alemán. Supuso que tendría que buscarse un diccionario y un libro de gramática porque presintió que aquella torre rubia iba a obligarlo a aprender alemán.
Mega-Drop volvió a cerrar los ojos y se dejó caer de espaldas en la camilla, que lo recibió con su tela fresca; le hizo bastante bien. Muy pronto se quedó dormido profundamente, y por primera vez, ni recordó ni volvió a sentir nada…
Continuará…